
Arte Naif
Por arte naif o ingenuo se define la producción de las personas que carecen de formación artística.
Es decir, los que crean pinturas sin ningún tipo de referencia académica y absolutamente lejanos a las escuelas oficiales.
Por lo mismo, se mantienen al margen de estilos y de las normas estéticas y los convencionalismos.
Ellos, llamados también pintores de domingos, ingenuos modernos, instintivos o autodidactas echan a volar su imaginación frente a la tela sin tomar en cuenta conceptos tan básicos para el arte convencional como lo son las nociones de perspectivas, proporciones, unidad cromática, equilibrio o claroscuros. Este estilo fue valorado por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial, quizá porque la gente estaba agobiada ante los horrores bélicos y se encontraba perpleja ante el alambicado arte abstracto. Los ingenuos, en cambio, ofrecían una pintura fresca, colorida e incontaminada. No se trata de pintores sin sensibilidad o desinteresados por lo que les rodea sino de creadores que interpretan el mundo de otra manera: sin tanto dolor, ni tenebrismo, ni problemas existenciales. No quieren molestar a nadie, ni pretenden con su arte inquietar. Muy por el contrario, en su mayoría interpretan la realidad en una forma optimista, alegre e idealizada. Como si miraran a través de los ojos de niños.
El arte ingenuo es siempre figurativo y entre sus temas preferidos están los paisajes, las fábulas, los cuentos, mitos y hasta los sueños. Algunos de sus representantes son el francés Henry Rousseau, la norteamericana Grandma Moses y el haitiano Héctor Hypolitte. Entre los latinoamericanos más destacados se encuentran los chilenos Juanita Lecaros, Luis Herrera Guevara y Fortunato San Martín; el hondureño Tulio Velásquez; el brasileño Chico da Silva y el colombiano Noé León.